
Por Martín Endara · Clicon · Junio 2026
Cyrano de Bergerac tenía un problema de producto.
Para el que faltó a esa clase de literatura: Cyrano es brillante, ingenioso, el mejor con las palabras y con la espada en todo París. Pero tiene una nariz que, digamos, entra a la habitación quince minutos antes que él. Está perdidamente enamorado de Roxanne. Y está convencido de que ella jamás lo va a querer por culpa de la nariz.
Entonces hace lo que haría cualquier persona con baja autoestima y mucho talento desperdiciado: encuentra a Christian, un soldado hermoso y con el carisma de una papa hervida sin sal, y le ofrece un trato. Christian pone la cara. Cyrano pone las palabras. Entre los dos arman al pretendiente perfecto. Cyrano le escribe las cartas, Christian las firma, y Roxane se enamora perdidamente, de una persona que no existe: el cuerpo de uno con el alma del otro.
Si te suena más la versión con Steve Martin, es Roxanne (1987): mismo esquema, jefe de bomberos narigón, el bombero lindo y tarado, la astrónoma. La obra tiene 130 años y se sigue reescribiendo porque el problema es eterno: alguien le está contando a otro quién sos, y ese alguien no sos vos.
Bienvenido a tu marca en la era de los LLMs.
Vos sos Cyrano. Y no es un halago
Acá está la parte buena de la analogía, y te la digo de frente porque para eso me pagan (metafóricamente, todavía no me paga nadie).
En esta obra, vos no sos el galán. Vos sos Cyrano: tenés el producto bueno, sabés de lo tuyo, podrías ganar la conversación si te dejaran hablar. El problema es que ya no hablás con el cliente directamente. Entre vos y tu cliente hay un intermediario que repite su versión de tus palabras.
Ese intermediario es ChatGPT. Es Gemini. Es Perplexity. Es Claude. Cuando tu cliente potencial pregunta “¿qué herramienta uso para X?” o “¿quién hace Y en mi país?”, no llega a tu sitio a leerte. Le pregunta al modelo. Y el modelo (como Christian en el balcón) recita una versión de vos que armó CON LO QUE PUDO entender. A veces le sale bien. A veces te describe como a un competidor. A veces directamente se olvida de que existís.
Y acá está el detalle que hace que la analogía sea un dardo: a Christian al menos Cyrano le pasaba las cartas. El modelo no te pide nada. Improvisa con lo que encuentra tirado en tu HTML.
El problema no es que hablen de vos. Es cómo leyeron el guion
Christian no era un mal tipo. Era un mal lector. Cuando le tocaba improvisar sin las palabras de Cyrano, hacía papelones, en la obra hay una escena donde intenta hablarle a Roxane solo y casi arruina todo, porque sin el libreto no daba pie con bola.
Los LLMs tienen exactamente el mismo talento para el papelón cuando no les diste el guion. Y el guion, en este caso, no es tu contenido bonito ni tu copy de landing inspirador. Es la estructura de datos que un parser puede leer sin tener que adivinar.
Un humano entra a tu home y entiende en tres segundos quién sos: lo lee en el diseño, el logo, el tono, las fotos. El modelo no ve nada de eso. Ve código. Si en ese código no está escrito, en un formato que pueda extraer, “esta empresa es X, hace Y, para Z”, entonces sos texto suelto del que hay que inferir. Y la inferencia, ya lo vimos con Christian, es un deporte de alto riesgo.
Los números acompañan el drama: 62% de marcas son invisibles para modelos AI (Fuel Online, 2026). Y solo 1% de usuarios clickea links dentro de respuestas AI (Pew Research, 2025) o sea que el balcón es prácticamente el único lugar donde se juega el romance. Si la escena del balcón la actúa Christian con tu nombre, no tenés una segunda cita para aclarar el malentendido.
Cómo le pasás las cartas al modelo (sin que se las invente)
La buena noticia: a diferencia de Cyrano, vos sí podés escribir las cartas y asegurarte de que lleguen tal cual. El mecanismo se llama datos estructurados ( JSON-LD, para los amigos) y es, literalmente, el libreto que le dejás al modelo para que no improvise.
No voy a hacer de esto un tutorial, pero en B2B hay tres cartas que importan:
Quién sos. Tu entidad declarada como entidad, no escondida en un párrafo de “nuestra historia”. El modelo necesita saber que sos una empresa, qué hacés y dónde, antes de poder recomendarte. Si esto se lo dejás a la inferencia, prepárate para que te confunda con cualquiera que tenga un nombre parecido.
Qué vendés. Tus productos, con sus nombres propios, explicados. En B2B esto pesa el doble porque tus productos se llaman cosas que el modelo no conoce (“Lotus”, “el módulo no-sé-qué”) y necesita que se las presentes, no que las deduzca del marketing.
Qué te preguntan. Las preguntas frecuentes de tu categoría, con tus respuestas. Cuando alguien le pregunta al modelo “¿qué uso para X?”, está haciendo, sin saberlo, una de tus FAQ. Si esa pregunta y su respuesta ya están servidas en tu sitio en formato máquina, le estás poniendo la carta en la mano. Si no, va a buscar a alguien que sí lo hizo.
Es la diferencia entre que el modelo infiera quién sos y que vos se lo declares. Cyrano nunca tuvo esa opción. Vos sí tenés la opción de no ser confundido con la banda “The Police”.
El plot twist: ahora ni siquiera viene Roxane
Y acá está el giro que la obra de Rostand no vio venir, porque en 1897 no había forma de imaginarlo.
En la versión original, por lo menos del otro lado del balcón había una persona. Roxane escuchaba, sentía, decidía con el corazón. Podías confiar en que algo del mensaje verdadero se filtrara entre las palabras prestadas.
Hoy, cada vez más, Roxane manda a alguien en su lugar. Tu cliente le pide a su asistente de IA que evalúe las opciones, arme la comparación, descarte a los que no cumplen y le traiga la lista corta. Ya no es una persona enamorándose de palabras lindas: es un agente haciendo due diligence con la paciencia de un servidor público y cero tolerancia a la ambigüedad. Si tu carta está mal escrita o peor, si no está no hay mirada soñadora que te salve. Te manda a que vuelvas otro día.
Cyrano, al menos, murió treinta años después rodeado del amor no correspondido de Roxane, que en el último minuto se dio cuenta de la verdad. Final trágico, pero romántico.
Tu marca no va a tener esa escena. Si el agente no te entendió, no se entera nunca de la verdad. Simplemente no apareciste en la lista, y ni vos ni tu cliente van a saber que pasó. No hay tercer acto. Hay un 404 emocional.
La moraleja de la obra siempre fue la misma, lo único que cambió es quién está parado abajo del balcón: si no escribís vos tus cartas, alguien las va a escribir por vos. Y ese alguien no te quiere tanto como vos creés.
Lo que hacemos en Clicon, con Lotus, es bastante menos poético y bastante más útil: medimos cuánto te está costando en USD, (no en versos) que los modelos te estén malinterpretando, y generamos el código que les pone tus cartas en la mano. Listo para deployar, no para enmarcar.
Si querés ver tu caso: lo corremos sobre tu dominio real, te mostramos tu bleed en USD y los artefactos listos para deployar. Sin nariz de utilería incluida.
GEO (Generative Engine Optimization) es la disciplina de optimizar un sitio para que los motores generativos —ChatGPT, Gemini, Perplexity, Claude, Google AI Overviews— lo citen correctamente en sus respuestas. Es a los LLMs lo que SEO es a los buscadores: no lo reemplaza, lo complementa. Clicon construye Lotus, el AI Revenue Protection Engine nativo para LATAM y en español.